domingo, 19 de marzo de 2017

Despedida...

Desde que empecé a trabajar en la empresa, esa mujer me había cautivado.

Nunca me decidía a decirle nada, solo la seguía con la mirada. Ese día nos cruzamos, yo la miraba, me miró, le guiñé un ojo, sonreí y seguimos nuestros caminos...

Y estaba muy cabreado, a la mañana siguiente me llego la carta de despido, con su firma... había dado al traste con mi trabajo, mi carrera, mi vida...

Subí a su despacho, la encontré sentada en su sillón y antes de que pudiera reaccionar, tenía cerrada la puerta y acallaba sus protestas con mis labios, sujetando sus brazos que, tensos en un principio, empezaron a relajarse cuando mi lengua se encontró con la suya, respondiendo con pasión...

Agarrando sus muñecas con una mano, levanté sus brazos por encima de su cabeza y la hice levantar del sillón, me puse detrás pegando mi cuerpo al suyo, separando sus pies con los míos... sus pechos tensaban los botones de la, ya de por sí, ceñida camisa... su falda, ajustada, había quedado en mitad de sus muslos dejando entrever los corchetes de su liguero... mis dedos empezaron a soltar los botones, uno a uno, rozando ligeramente su desnuda piel cada vez que lo hacía, notando un ligero estremecimiento bajo ese contacto... de un tirón, terminé por sacar la camisa de su falda, dejando al descubierto sus firmes prominencias, descubriendo, por el tacto, la dureza que habían adquirido sus pezones y que al presionarlos, de su boca escaparan suspiros que producían en mi un deseo aún mayor, en mi ya extrema dureza.

Recorrí su cuerpo con la mano, rozando apenas su piel o agarrando y pellizcando sus pechos, a cada caricia reaccionaba con un suspiro, un gemido o un quedo lamento, mas no se resistía, me dejaba hacer y cuando la incliné sobre la mesa, para continuar con mi “despedida”, y ladeó la cabeza, vi que sus ojos estaban cerrados y una expresión de placer se dibujaba en su cara...

No recuperé el trabajo, pero tengo acceso libre a su oficina... y las llaves de su vivienda...

Y cada mañana, después de saborear el delicioso café que prepara, pero no toma, paso por la oficina, me sitúo detrás de su sillón, acaricio sus pechos, pellizco sus pezones... le doy un apasionado beso y me marcho a trabajar...

Javy ( 19/03/2017 )