Desde que empecé
a trabajar en la empresa, esa mujer me había cautivado.
Nunca me decidía
a decirle nada, solo la seguía con la mirada. Ese día nos cruzamos,
yo la miraba, me miró, le guiñé un ojo, sonreí y seguimos
nuestros caminos...
Y estaba muy
cabreado, a la mañana siguiente me llego la carta de despido, con su
firma... había dado al traste con mi trabajo, mi carrera, mi vida...
Subí a su
despacho, la encontré sentada en su sillón y antes de que pudiera
reaccionar, tenía cerrada la puerta y acallaba sus protestas con mis
labios, sujetando sus brazos que, tensos en un principio, empezaron a
relajarse cuando mi lengua se encontró con la suya, respondiendo con
pasión...
Agarrando sus
muñecas con una mano, levanté sus brazos por encima de su cabeza y
la hice levantar del sillón, me puse detrás pegando mi cuerpo al
suyo, separando sus pies con los míos... sus pechos tensaban los
botones de la, ya de por sí, ceñida camisa... su falda, ajustada,
había quedado en mitad de sus muslos dejando entrever los corchetes
de su liguero... mis dedos empezaron a soltar los botones, uno a uno,
rozando ligeramente su desnuda piel cada vez que lo hacía, notando
un ligero estremecimiento bajo ese contacto... de un tirón, terminé
por sacar la camisa de su falda, dejando al descubierto sus firmes
prominencias, descubriendo, por el tacto, la dureza que habían
adquirido sus pezones y que al presionarlos, de su boca escaparan
suspiros que producían en mi un deseo aún mayor, en mi ya extrema
dureza.
Recorrí su cuerpo
con la mano, rozando apenas su piel o agarrando y pellizcando sus
pechos, a cada caricia reaccionaba con un suspiro, un gemido o un
quedo lamento, mas no se resistía, me dejaba hacer y cuando la
incliné sobre la mesa, para continuar con mi “despedida”, y
ladeó la cabeza, vi que sus ojos estaban cerrados y una expresión de
placer se dibujaba en su cara...
No recuperé el
trabajo, pero tengo acceso libre a su oficina... y las llaves de su
vivienda...
Y cada mañana,
después de saborear el delicioso café que prepara, pero no toma,
paso por la oficina, me sitúo detrás de su sillón, acaricio sus
pechos, pellizco sus pezones... le doy un apasionado beso y me marcho
a trabajar...
Javy ( 19/03/2017
)
